El hombre grande hizo un gesto a sus hombres, que se acercaron a ellos.

El Zorro sonrió. "De nada, mi amor".

"¿Quiénes sois?" exigió saber El Zorro, su mano en la empuñadura de su espada.

"Queremos que nos entreguéis el documento que habéis robado", respondió el hombre grande. "El duque está desesperado por recuperarlo".

De repente, un crujido de ramas y un relincho de caballo les hicieron detenerse. Un grupo de hombres armados surgió de la oscuridad, bloqueando su paso.